Allí en la pradera
majestuoso, imponente
al cobijo del poniente
con su eterna primavera
junto al viejo torrente
el viejo árbol desafiante
enarbolaba su bandera
purificando el ambiente
con su alma de madera
acogía al caminante
a los niños y a los amantes
y a las aves viajeras.
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